Bitácora

“Hablame de cualquier cosa, y agarrame desprevenida”

Carla Agüero y Lula Rovatti

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“¿Pero Ana, te vas a casar en un avión de guerra?”

Carla Agüero y Lula Rovatti

Carla Agüero fue Silvita

Nadie escapa a su biografía

Incluye cuatro obras de teatro de Diego Kehrig

  • La muerte no se parece a nadie
  • Negro corazón
  • Perros golpean teléfonos
  • Nadie escapa a Elizabeth Taylor

Verónica Riutort en escena

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Carla Agüero y Lula Rovatti

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En Sala Breve.

¡Cambiá ya, los ojos que te miran!

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Maria Eugenia Ludueña y Verónica Riutort

¡Irma Roich! ¡Irma Roich! ¡Irma Roich!

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Terminábamos Negro corazón con una suerte de homenaje, un reivindicación un poco adulterada pero no por eso menos sincera. Las actrices gritaban puño en alto: “¡Irma Roich!, ¡Irma Roich!, ¡Irma Roich!”

Irma representaba esa batalla peronista. A esa mujer sufrida -que en sus telenovelas tantas veces había interpretado-. Cambiábamos la “y” por la “ch” de su apellido, sólo “per codere”. Para hacernos los modernos, nada más.

Años después participé en la producción de una novela de Migré, donde Carolina encabezaba. Me acuerdo que Irma venía a Pampa Estudios a ver las grabaciones de su hija, y nos contaba como se trabajaba antes, como era el nervio del “vivo”, como salvaban las escenas, y se maravillaba con las nuevas tecnologías, las luces, pero odiaba las cámaras HD porque “Estas te matan con las arruguitas.”

A mi me encantaba oírla. Nunca le confesé el disparate que había escrito. Hoy Irma se murió, y pensando no sólo en su trabajo, sino en la violencia con que los milicos la exiliaron, levanto el puño y grito: “Irma Roich, Irma Roich, Irma Roich”.

 

De la versión 1998


Verónica Riutort

ANA: “Yo, si tuviera talento, sería escritora de novelas rosas. Siempre quise tener un caniche fucsia”

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Elizabeth Taylor.