Acto Dos

ACTO DOS

Cuadro 9: DEPTO
ANA: (En Off desde el baño.) Dicen que fue una venganza. Porque el Profesor era Pai y lo echaron de la Escuela. Magia negra ¿entendés?

SILVIA:: (Colocándose una bata de toalla.) ¿De qué hablás?

ANA: (En Off.) De Sonia Beatriz Palducci. La chica del autocine.

SILVIA: ¿Y cómo te acordás del nombre?

ANA: (Continúa en Off.) Porque ese año me había llevado caligrafía. Y practicaba con recortes de diarios. Ella tiene, bueh… tenía, las mismas iniciales que vos. ¿Te acordás esas cartas larguísimas que te escribía todas en cursiva inglesa? Bueno: Sonia Beatriz Palducci. Silvia Bárbara Pujol.

SILVIA: El circulito de abajo de la “S” todavía lo tengo acá.

ANA: (En Off.) ¿Estás lista?

SILVIA: Dale, vení. ¿Qué estás haciendo?

(Se oyen unos apastelados acordes nupciales. ANA entra emocionada.)

SILVIA: Es un sueño. ¡Estás hermosa! ¡Es divino!

ANA: ¿Te gusta? (La abraza cuidadosa, no vaya a ser cosa que se le descosa la cosa.) Todavía no está terminado, le faltan los detalles.

SILVIA: (Camina en círculo, recorriéndola.) Así ya es fabuloso.

ANA: Quiero que sea la mejor boda del año.

SILVIA: ¿Cuánto te costó?

ANA: Es italiano, de Milán.

SILVIA: Yo te iba a decir.

ANA: Hablé con Augusto. Le saltaron los birretes. En veintisiete años por primera vez llegaba tarde al cuartel. Estaba como loco.

SILVIA: (Saca un paquete de galletitas en forma de angustia oral.) Ceremonia…

ANA: Va a ser en un avión ¿entendés? Pero no en un avión… ¡En un Hércules!

SILVIA: ¿Pero Ana, te vas a casar en un avión de guerra?

ANA: (Por primera vez dudando.) Y bueno él es Coronel, le corresponden todos los honores. Yo le dije: “A tu edad ¿cuántas veces más te vas a casar?” ¡Qué sea con todos los chiches!

SILVIA: ¿Pero no es muy frío un Hércules?

ANA: Lo vamos a ambientar tipo nube, todo blanco con gasas. Monseñor Guevara viaja con nosotros, y a treinta y dos mil pies de altura, cuando se estabiliza la nave, hacemos la ceremonia.

SILVIA: Te vas a casar en las nubes.

ANA: Literalmente. Y treinta y dos mil. Porque el 32 es mi número preferido en la ruleta rusa.

SILVIA: No es por tirarlo abajo. ¿Pero no te dará mareos?

ANA: Para nada. ¡Cuántas veces viajé en avión!

SILVIA: Yo lo decía por los invitados…

ANA: Te tomás una pastilla, de mí no te separás y listo. Lo que vos no sabés es dónde va a ser la fiesta.

SILVIA: En el avión.

ANA: No. Aprovechando que estamos en vuelo, vamos todos hasta… “¡Río do Janeiro!” “Va serchi na una praia priva-ada” (Le arroja el ramo.) ¿No te parece “yenial”?. (Todas las bodas tienen su Carnaval Carioca, nosotros también. Bailan en fonético portugués y en medio del alboroto un brusco Apagón.)

Cuadro 10: NO VE NO VE
(A oscuras.)

SILVIA: ¿Qué pasó? Ana… ¡Ana! ¿Estás ahí?

ANA: (Seca.) ¿A dónde querés que vaya?

SILVIA: ¿Qué pasó?

ANA: Se cortó la luz, que va a pasar.

SILVIA: ¿Se cortó la luz o saltaron los “tampones”? (Sic.)
¿A dónde vas?

ANA: Y a buscar velas. No nos vamos a quedar así toda la noche. (Sale.)

SILVIA: Bueno, pero no te alejes.

ANA: (En Off.) Estos infelices son incapaces de avisar que te la van a cortar.

SILVIA: ¡Anita no te pongas así!, ¡me estás poniendo más nerviosa!

ANA: (En Off.) ¿Dónde pondrá las velas mi vieja?

SILVIA: Te ayudo en algo.

ANA: (En Off.) Quedate sentada, a ver si encima te golpeás.

SILVIA: Pero yo necesito hacer algo. Estar quieta me altera más. Dame algo para hacer. (Sale.)

ANA: (Entra sin darse cuenta que se han cruzado.) Vos que andás siempre con esos cursos… ¿no trajiste velas aromáticas?

SILVIA: (Entra con una linterna en la frente, de las que utilizan los mineros.) Que peligro que corten así, de golpe. ¿Te acordás ese apagón terrible que hubo en Alemania? La gente entraba en los negocios a robar. Saquearon supermercados, farmacias… Por las drogas, ¿viste? El índice de población, nueve meses después, había aumentado. Hubo una ola de violaciones. Lo que no han hecho. ¿Y en los hospitales? Los que dependen de aparatos eléctricos para respirar, ¿eh?, ¿cómo hacen… e hache?

ANA: (En Off.) ¡Iluminá acá querés! ¿Qué hacés con esa linterna?

SILVIA: “Anushi…” yo no es que te quiera preocupar pero en el kiosquito de abajo, hay luz.

ANA: (En Off.) ¿Qué? ¿Es del edificio nada más? ¡Qué construcciones de mayo- nesa! Yo jamás viviría en la costa. Estás aislado de todo, sos el último orejón del tarro. Cuando vuelva la luz, voy a agarrar a hachazos a ese modular. Hasta con la luz apagada es vomitivo.

SILVIA: ¿Por qué no tenés un Magiclick? ¡¿Para qué dejaste de fumar?! ¡Para qué tenés un departamento en San Clemente si vivís en Mar del Plata!
(Intenta serenarse.)
“Anushina” en los demás departamentos, hay luz. No hay muchos iluminados, pero hay.

ANA: (En Off.) Y lógico, si no hay un alma. Don Pablo ya me dijo, somos las únicas en este piso.

SILVIA: Son los tapones, disculpame que te insista, pero son los tampones.

ANA: ¡Ay, quién dejó esta valija tirada! ¿Vos sabés cambiar esos chirimbolos?

(Se oye el latido de un corazón. Acaso su trauma la vuelve estereofónica.)

SILVIA:: ¡Ay, Ana! ¡Ay, Dios mío! ¡Ay, no!

ANA: (Entra. Ella también ha conseguido su vincha-linterna.) No te pongas así, yo no sé tocar el clarinete, y no me tiro por el balcón.

SILVIA: No Ana, yo tengo la culpa. Ay, perdoname. Dios mío, ayúdanos.

ANA: ¡Pero qué pasa! ¡Soltá!, ¡qué decís!

SILVIA: Que yo le dije al albañil que éramos del noveno “B”.

ANA: ¿De qué albañil estás hablando? No entiendo. Dejá de lloriquear y hablá. No se te entiende. Dejá de morderme. Sacate mi tobillo de la boca y hablá, ¡querés!

SILVIA: Del albañil que estaba haciendo la vereda. El “paragua” que me ofreció dejar la valija acá.

ANA: Vos estás mal, ¡qué tomaste! ¿Un albañil dentro del departamento? Si yo no contraté a nadie. ¿Qué vereda?… ¡Qué paraguas!

SILVIA:: Esta mañana, cuando vos no llegabas. Yo estuve acá a las seis y media, en la puerta del edificio, hablando con un albañil. ¡Tr! ¡Trrr! Trr! Y como Don Pa- blo no bajaba, yo no sabía que ¡Tr! ¡Trrr! Trr! hacer. Me tenía que ¡Tr! ¡Trrr! Trr! con alguien, y este infeliz era el único ¡Tr! ¡Trrr! a mano. Que me iba a ¡Tr! ¡Trrr! imaginar. Fue él. ¡Fue él, Ana! Él me dijo: “Hasta las ocho y media Don ¡Tr! ¡Trrr!, no baja”.

ANA: Pero si Don Pablo estuvo. Cuando volvimos de la playa vos te fuiste a bañar, y yo bajé a pagar las expensas.

SILVIA: ¿Sí?

ANA: Sí, pensó que tu micro se había retrasado. Como llegaste a las nueve y diez pasadas recién. Él te estuvo esperando.

SILVIA:: ¡Y cinco! Nueve y cinco. Lo que pasa es que me quedé encerrada en el baño de la confitería, porque había dos cucarachas que estaban teniendo relaciones contra el marco de la puerta, y yo no quería abrir por que las iba a aplastar. Y el ¡Crunch-crunch-cranch-crunch-crunch! vos sabes que me impresiona.

ANA: Estamos a oscuras y vos en vez de ayudar e iluminar acá, me hacés una novela.

(Suena el reloj en doce campanadas.)

SILVIA: Fue él, Ana. Fue él. No te dás cuenta, ¡cómo es posible que haya luz en todo San Clemente y en el departamento de dos chicas solas: no! ¡No me pegues más! ¡Reaccioná! ¿Quién es la única persona en todo San Clemente que sabe que estamos solas en el 9o “B” del edificio Tuyú III?

ANA: Don Pablo.

SILVIA:En serio te estoy hablando. Ese viejo no se puede ni mover. ¿Quién eh? ¿Quién sabe?

ANA: ¿Y… el ¡Tr! ¡Trr! ¡Trr!?

SILVIA:: ¡Viste, vos también lo pensaste!

ANA: (En la última campanada, cae a cuentas.) Doña Angélica, la posesión. Las doce. ¡Las doce!

SILVIA: No, Ana. ¡No lo hagas!

Cuadro 11: BALCÓN
(Luz. ANA, parada en zancos. SILVIA deteniendo la puerta con su cuerpo.)

ANA: No te me acerques. ¡Auxilio! ¡Ayuda, Policía! ¡Algún vecino! No me toques porque me tiro. ¡Somos del 9o “B”!

SILVIA: ¿Quién te va a oír? Bajate. Vos misma dijiste que somos las únicas en este piso. A ver si te mareas.

ANA: ¡Socorro! Gritá vos también. ¡Policía, nos quieren violar! No te me acerques más. sILVIa: (Muy tímida.) ¡Acá, en el balcón! ¡Somos dos chicas solas!

ANA: Si entra, prefiero tirarme. Si entra, me tiro. A mí ese no me toca. ¡Auxilio!

SILVIA:: Ana, te vas a lastimar. ¿Cómo que te vas a tirar?

ANA: No te preocupes, el balcón del tercer piso es terraza.

SILVIA:: Son seis pisos igual. Bajate. (En el paroxismo de la inocencia.) ¿Qué, te querés matar? ¡Alguien que me ayude!

ANA: Pedí por mí también.

SILVIA: ¡A las dos! Bajá, me da vértigo. Te va a dar un enfriamiento.

ANA: ¡Estamos siendo sometidas por un albañil!

SILVIA:: ¡Paraguayo!

ANA: (Tratando de hacerse cargo de la situación.) ¡No sabemos el nombre, pero es albañil! ¡Hace veredas!

SILVIA:Esto es un disparate.

ANA: (Refiriéndose al ramo.) ¿Esto es lo único que encontraste para defenderte? ¡Todo arruinado! ¿No podía esperar?
(Inicia una serie de mecánicos movimientos, idénticos a los de un director de trán- sito de aviones.) Me mato. S.O.S. Me mato.

SILVIA:: No me dejes sola. ¿Yo que hago si a vos te pasa algo? ¿Qué le digo a la policía? Van a creer que fui yo quién te tiró. El albañil se va a descargar sólo conmi- go. Violada doble, y después presa por asesinato. Ezeiza, un bidet para 46 internas.

¡Eso querés para mí! ¿Linda amiga, eh? Te parece ser así conmigo. Repartamos la derrota. ¡No sos patriota! Pulóver terracota.

ANA: Yo lo único que sé es que todavía no estoy preparada para recibir una violación. ¡Socorro! ¡Mi futuro marido es Coronel! ¡Soy Ana Britos! ¡Mi padre es cofun- dador del Faro! ¡Ayúdenme!

SILVIA: ¡Bajate, Anita! ¡Estás muy descompensada! Pensá en lo linda que vas a estar el día de la fiesta en el avión. Entremos, somos dos contra uno.

ANA: ¡Estará armado, todos los violadores tienen una! Yo así al altar no llego. Si me agarra estoy perdida. Alguien nos tiene que oír. ¡Acá! ¿Con qué cara voy a mirar a mi marido a los ojos? (Ofreciéndose abiertamente, canta.) ¡El primero que me salva se casa con mi amiga!

SILVIA:: ¿Eh? (Sigue.) Mirá, hagamos un trato, yo me acerco despacito sin tocarte. Te juro que no te agarro, y vos a medida que puedas, que te sientas segura, vas estirando la manito para agarrarte de mí.

ANA: No puedo, Silvia. Miro para abajo y veo todo lo que me pasó en la vida, y no me gusta. (Intenta arrancarse el vestido.) Me siento disfrazada.

SILVIA: A ver, “Anushi”: razonemos. Yo no te quiero presionar, porque considero que ya es suficiente con lo que vos cargás, pero ¡yo quedé en el medio! Eso también hay que tenerlo en cuenta. Si me acerco a vos: te tirás. Si retrocedo: me hace suya el albañil. ¡Qué hago!, ¿eh, que hago? ¿Virtud o muerte? ¿Farsa o matrimonio? ¿Bar- bie o Rayito de Sol? ¿Bradem o Perón? Vos ¿…qué me aconsejás?

ANA: Hablame de cualquier cosa, y agarrame desprevenida.

SILVIA: ¿Cómo de cualquier cosa? Vos ya vas a saber que te quiero agarrar.

ANA: Si lo hacés bien, no. Contame una receta, ¡eso es!

SILVIA: ¿Cuál? ¿La de las vainillas de Doña Angélica?

ANA: ¡No soporto más ni las vainillas, ni a esa vieja serpiente que dijo que con Augusto no me caso!

SILVIA: No te alteres, lo que ella en realidad dijo…

ANA: Niños envueltos. Pasame esa.

SILVIA:: ¿Qué?

ANA: ¿Sos sorda? Niños envueltos, esa quiero.

SILVIA: Bueno, yo te la paso, pero me parece que esto no va a funcionar.

ANA: (Agitando sus brazos-alas.) ¡Policía, llamen a la morgue! ¡No pasa de hoy que me mato! ¡Se van a enterar de quién soy! ¡No me conocen! ¡No saben de lo que soy capaz! ¡Los Britos tenemos honor, escuchan!

SILVIA: Ponés la carne en aceite bien calentito hasta que esté precocida…

ANA: (Muy excitada.) Ay, sí… ¡así!, seguí…

SILVIA: Agarrás ajo y perejil, lo cortás chiquitito-chiquitito, le ponés ciruelas: eso le da un gustito muy francés… Dios mío, iluminame.

ANA: ¡Más rápido que me irritás, Edesur!

SILVIA: Hago lo mejor que puedo. Considerá la situación. Agarrás una asadera con agua, le ponés un caldito, armás los rollitos y lo dejás en horno moderado por veinte…

ANA: ¿Los calditos de carne o pueden ser de verdura?

SILVIA:: De lo que a vos más te guste.

ANA: ¡Prefiero carne!

SILVIA: Si, yo también.

(En un tono neutro, salen de la trama.)

AMBAS: Mensaje de la obra. Dos puntos. Siempre la carne llena más.

(Oímos la banda sonora del Inspector Gadget.)

ANA: Eh… ¡Acá!, ¡acá estamos, eso vengan! Estamos salvadas, Silvita.

SILVIA: Hola, qué suerte policía. Nunca estuve tan feliz de verlos.

ANA: ¡Acá, 9o “B”! ¡Yo soy la propietaria! ¡Eso! ¿Por qué doblan…?

SILVIA: ¡Ey… Iujus… Polis…! ¿Dónde va a estacionar?

ANA: ¡Policía! Se van… ¡gritá vos también!

SILVIA:: Dios te salve María, llena eres desgracia, el señor escondido…

ANA: ¡Por tu culpa! ¿A quién van a salvar primero? ¡Yo les pagué el bono contribución a la entrada de Dolores! Ahora sí, estamos perdidas.

AMBAS: Y bendito es el susto de tu vientre Jesús. Renga por nosotras pescadoras, ahora y en la lora de nuestra suerte, “mamén”.

(Breve apagón. Un viento polar las envuelve.)

Cuadro 12: BALCÓN II
(Se larga una lluvia torrencial. SILVIA enciende su linterna. ANA está desmayada en la baranda del balcón. Sin animarse a tocarla por temor que caiga, le habla compulsivamente.)

SILVIA: Por enésima vez, Ana: ¡entrá!, pero en razón. Metételo en la cabeza: esta- mos solas. Nadie va a entrar a hacernos nada. “Anushi”, hace más de tres horas que estamos acá chupando frío. Entremos… ¿sí? Dame ese gustito.
¡Mirá, Ana! Tengo sueño. Me duele la cabeza. Estoy afónica. No doy más de la cistitis. Hace dos noches que no pego un ojo. Vine hasta acá, solamente porque vos me lo pediste. Me peleé con Oscar para que me digas que te vas a casar en un Hércules, sabiendo perfectamente que a mí, la altura me da vértigo. Perdí más de medio sueldo en esa payasada de Bingo. Desayuné durante dos horas y cuarto, porque el sordo de tu portero estaba durmiendo, o se estaba bañando o haciendo la toca. No sé, pero mirá que yo toqué. Toqué, toqué y toqué. Vos sabés que yo soy de apretar fuerte el timbre. ¡Casi me agarro una pul- monía en ese desierto que vos te atrevés a llamar playa! Entre el viento, la arena que castigaba y el bronceador factor 30 que me encajaste parecía una milanesa freezada. Ahora, vos decime, ¿para qué tanta pantalla?, si acá el sol está en las postales nada más, ¡eh! ¡Ana, entrá! Me duele la frente del frío que hace. Estoy indispuesta. Tengo los ganglios inflamados. Perdí la extensión de la tarjeta de Oscar, un tiburón casi me usa de plato importante. ¡Y se me rompió una uña!, ¿algo más?
¡Ah, sí, vos querés que un albañil paraguayo venga y nos viole. ¿Para qué? Si con todo lo que ya nos pasó, Freud se hace lesbiana.

ANA: (Enciende su linterna, se acerca.) Bueno, bajo. Pero del balcón no me muevo.

SILVIA: (Se acuesta en el piso.) Quedate quietita que en una o dos horitas amanece. Vas a ver con la luz del día, una razona mejor. Ahora relajadita.

Siento un vacío en el estómago… ¿No tenés hambre? Mejor no te nombro la palabra “vacío” a vos. Una broma. Con papas y cebollitas al horno. ¡Qué bueno! Un vacío al horno…
(Cae en sueño.)

Cuadro 13: SUEÑO DE FAROLERA
(Mientras SILVIA duerme. Repite la triste melodía del inicio del espectáculo.)

ANA: Las puertas de bronce de la Catedral, se abren.
El coro celebra la gloria.
Los candelabros, radiantes como nunca.
Hay flores. Muchísimas flores blancas.
Muy pocos jazmines.
Más claveles que jazmines.

Avanzo del brazo de un padrino que no logro identificar.
Sé que es alguien que conozco.
Alguien en quién yo puedo confiar.
Pero no alcanzo a definir su rostro.

Entonces me concentro en los pasos.
Un-dos, un-dos.
Tiemblo y sonrío.
Sonrío y Un-dos.

Los invitados me miran sin devolverme la sonrisa.
Una luz pálida me estremece.
Es el piso frío de mármol.
¿O son mis pies?
¡Eso es!
Estoy segura que de llegar a golpeármelos me los quebraría.

Un segundo de lucidez me invade
y descubro que no traigo zapatos.
¡Qué estoy descalza!
¡Qué olvide ponérmelos!
¡Qué Dios Santo, qué vergüenza!

Intento en vano cubrirme los pies con el vestido.
¡Pero es que tampoco llevo falda!
Estoy desnuda de la cintura para abajo.

Trato de retroceder pero algo me lo impide.
Indefectiblemente avanzo hacia el altar.
Un-dos. Un-dos. Un-dos.
¡Es inútil!

Busco los ojos de mi madre.
¿Por qué me mira así?
¿Por qué llora de ese modo? ¿Qué pasa, mami?
¿Por qué lloras?
¿Por qué papi, se ha ido?

Intento salir corriendo,
y por primera vez descubro el rostro de mi padrino…
¡Es Augusto!
¿Qué hace acá?
¿Por qué no puedo desprenderme?
¡Qué pasa…!

Monseñor Guevara lleva una piedra violeta en la mano.
Es enorme, en forma de cucaracha.
Me han puesto en una especie de caja.
Ya no puedo moverme.

Mojan sus dedos en el aceite del cáliz,
y me santigua en la frente,
y un-dos.
Un-dos.
Un-dos.

Dudo que me hayan dejado algo más que algodón detrás de los ojos. Vacío.
Vacío.

Finalmente guardan el cáliz.
El coro incesante empieza a sobrevolarme,
son ángeles jugando en la cúpula de la Catedral,
sus vestidos blancos y vaporosos me dejan entrever que ellas,
como yo,
tampoco llevan zapatos.
(Se deja caer. SILVIA la atrapa.)

Cuadro 14: A LA MAÑANA SIGUIENTE
(Sacándose los zancos.)

SILVIA:: Buen día.

ANA: Tengo que decirte algo.

SILVIA: Después Anita, necesito desayunar. (Sale.) Tenés la voz tomada.

ANA: Tomé una decisión.

SILVIA: (Entrando.) Primero las tostadas, Anushi.

ANA: (Mínima.) Silvia…

SILVIA: ¿Eh? ¿Cómo? A ver… ¿Y allá? Pero… ¿Y en el baño…? No. Esperá… (Empieza a dar vueltas.) Claro. ¡Ay!, No, no, no, no lo puedo creer. (Ríe histérica.) ¡Ay, Ana! ¡Somos dos zapallos! (Se saca, gira y se vuelve a poner la bata.) Por favor, como podemos ser tan ingenuas…

ANA: ¿Qué decís?

SILVIA: Mirá. ¿No te das cuenta? Y mirá ahora. ¿No ves? (Sale y entra.) Nada. Mirá en el baño.

ANA: No entiendo.

SILVIA: Está negro. ¡Está negro, entendés!

ANA: ¿Qué está negro?

SILVIA: ¡Tu corazón…! ¡El foquito, nena! ¡El foquito!, no se cortó la luz, se quemó la bombita. ¡Se quemó la bombita, entendés! ¡No puede ser!

ANA: ¿Cómo?

SILVIA: ¡Por eso no entró el albañil! Se quemó el foquito. No se cortó la luz. Y nosotras retorciéndonos de frío en ese balcón por cuarenta watts. ¡Qué triste!

ANA: ¿Estás segura?

SILVIA: ¿Cuánto hace que no cambiás esta lamparita?

ANA: Este verano vino mi vieja sola al departamento.

SILVIA: Esta bombita debe tener por lo menos dos años, entonces. Pero si es un acto reflejo, cuando se corta la luz y vas al baño, tratás de prenderla como una idio- ta. Te olvidás, aunque estés a oscuras. ¿No se te ocurrió intentar prender la luz de la cocina cuando buscabas las velas? ¿Qué clase de anormalidad tenés en la cabeza?

ANA: Vos me mareaste con eso de la ola de violaciones. Ahora que lo pienso, ¡vos empezaste con lo del albañil!

SILVIA: Estamos quemadas. No puedo creerlo. Casi te matás por un foquito. Y yo termino procesada por un filamento. Dios, cuánta oscuridad. ¡Qué solas estamos!

ANA: De eso te quería hablar…

(Regresa la coreografía.)

RAFFAELLA: (En Off): Explota, explota, ¡me expló!
explota, explota, mi corazón
Explota, explota, ¡me expló!
explota, explota, mi corazón.

Libe, libe, libe lai
qué desastre si tú te vas
explota, explota, ¡me expló!
explota, explota, mi corazón.

(Se suma el ruido de bombitas estallando. Caen al piso. Apagón.)

Cuadro 15: TERMINAL
NACHA GUEVARA (En Off.): Una vez, hace tiempo, una vidente me dijo: “A ver, dame la mano”. La vidente me dijo: “Oh, tienes abuelo italiano. Ah…, harás muchos viajes. Vivirás muchos años. Serás muy dichosa. Viajes. Veo muchos viajes. Todos bien sucedidos. Viajar…, viajar…., viajar…. Ese es tu destino”.
A la vieja gitana miré de reojo y le dije: “Vamos vidente, mirame de nuevo la mano y decime algo más, porque sabés que pasa, a mí viajar me tiene harta.

(El Concierto no 3 de Bach anuncia la entrada de SILVIA y ANA. Trotan en círcu- los. Traen puestos los chalecos.)

ANA: Los invitados, los regalos, mi suegra, la modista, el salón…

SILVIA: Las participaciones, el maquillaje, el ajuar, la noche de bodas…

ANA: El trajecito del civil, el cortejo, las valijas, las bolsitas con arroz…

SILVIA: La luna de miel, las alianzas, el fotógrafo, la mesa de los dulces…
(Rebobinan. Como en una proyección que pasamos en inversa, recorren el escenario andando para atrás.)

SILVIA: No hay peor ciego que el que se quiere casar. Si el deseo es la bombita, el matrimonio es bajar el interruptor. Yo no vuelvo.

ANA: Ese foquito quemado, me aclaró todo. La oscuridad de esa bombita, me iluminó. Que Augusto se quede revisando la mesa de saldos.

SILVIA: Todavía no lo conozco. Todavía no me conoce. No sé hacia donde me dirijo, pero estoy llena de certezas. Por primera vez en mi vida, voy a encenderme frente a un hombre.

ANA: Atisbo el mapa que tus manos esconden. Estate atento.

SILVIA: ¡Todas las mujeres deberíamos llevar una bombita en la cartera!

AMBAS: ¡Irma Roich! ¡Irma Roich! ¡Irma Roich!

(Inician mutis. Suena festivo en Off: La farolera tropezó y en la calle se cayó. Y al pasar por un cuartel se enamoró de un coronel…)

FIN
(sin Apagón)